Sobre el mercado único de productos financieros

En un mundo global parece no tener sentido que aún existan tantas restricciones para poder acceder a productos financieros de cualquier país, máxime si esos productos financieros son comercializados por entidades y empresas que forman parte de una misma realidad común como es el caso (o pretende ser el caso) de la Unión Europea.

Actualmente, resulta muy difícil, por no decir imposible en muchos casos, por ejemplo, comprarnos una casa en España y buscar entre todas las entidades financieras de Europa la que ofrece las mejores condiciones hipotecarias y suscribir la hipoteca con esa entidad o por ejemplo contratar seguros en otro país para garantizar bienes en el país nuestro de origen. Tampoco es fácil disponer de productos financieros tipo depósitos remunerados u otras cuentas o tarjetas sino disponemos de algún tipo de vinculación con ese país. En muchos casos, esto último no es imposible pero no es todo lo fácil y ágil que debería ser.



Lo anterior supone una merma para las empresas que no pueden competir libremente en todo el mercado común y beneficiarse de la posibilidad de acceder a una cantidad de clientes mucho más elevada pero también supone una clara merma para los intereses de los consumidores y usuarios que ven limitada su posibilidad de acceder a una mayor gama de productos y de beneficiarse de las mejores condiciones que unos u otros ofrezcan y es que no debemos olvidar que, por ejemplo, mientras contratar un simple seguro a terceros en un país de la UE puede costar poco más de 60€ ese mismo país puede encaramarse casi hasta los 500€ en otra zona de la supuesta unión económica y monetaria.

Todo parece indicar que los órganos de gobernanza europeos están dispuestos a terminar con esta situación y quieren poner el foco en eliminar estar barreras de entrada a los productos financieros a todos los miembros de la UE.

El plan es ambicioso y según la misma UE quiere estar en macha este próximo año 2016. Concretamente, el mismo pretende promover todas las medidas que estén a su alcance (tanto a nivel legislativo como no legislativo) para facilitar ese acceso.

Para ello se marca los objetivos esenciales de que todo residente de un estado pueda acceder a los productos bancarios de cualquier otro estado, pueda desplazarse dentro de la UE sin ver encarecidos los costes de su seguro médico o de sus tarjetas financieras, evitar diferencias en todo tipo de seguros, facilitar el cambio de proveedores de servicios financieros para un cliente con independencia del país y vehicular un auténtico mercado común en derechos y deberes hipotecarios, sin importar donde se encuentra el bien y donde se encuentra suscrita la hipoteca.