Gurús en el ámbito de las inversiones

En el mundo de las inversiones, del mismo modo que en todos los ámbitos profesionales en general, siempre proliferan los gurús. Aquellas personas que dicen o parecen tener respuestas a todo y que dicen o parecer tener la evolución de las cotizaciones y de la situación de los mercados en su cabeza.

Por supuesto, existen personas que por sus conocimientos y su trayectoria se merecen todo el respeto y toda la credibilidad y sus consejos, apreciaciones o predicciones deben ser sumamente valoradas ye escuchadas, pero también existen muchas otras personas que en realidad poco o nada de gurús tienen y se acercan más a embaucadores de poca monta que pretenden engañar a incautos que confíen en ellos.

¿En qué se diferencia a un auténtico profesional influyente de un pseudo-profesional que se parece más a una falsa pitonisa que otra cosa? Bien, en muchas ocasiones no es fácil detectar al farsante o intruso que nos da consejos que parecen verdaderos y eficaces y que lo único que pretenden es engatusarnos o vendernos una realidad publicitaria personal que en nada existe. Pero existen algunos elementos que pueden ayudarnos muchos a encontrar la diferencia entre un auténtico profesional y un encantador de serpientes.


Conociendo al buen asesor de inversiones


En primer lugar, un aspecto que se debe tener muy presente es que la solidez y la eficacia de un buen asesor de inversiones no tiene relación directa con la brillantina que está venga adornada. Puede tener un envoltorio magnífico, puede venir rodeado de una aurea de éxito publicitario máximo, pero ello por sí sólo no es ninguna garantía de solvencia profesional.

La auténtica garantía de solvencia profesional se encuentra en la capacidad de generar resultados, en la capacidad de poder demostrar resultados pasados que resulten probados, es en ese punto y esencialmente únicamente en ese punto donde se encuentra el auténtico elemento diferenciador entre el buen gurú que cumple con hechos probados lo que dice y el embaucador que promete milagros, pero nunca puede demostrar ninguno.

La confianza y la credibilidad de demuestra andando y no explicando el camino que recorreremos, así, la propia trayectoria es la que genera reputación y la reputación es la que genera resultados. Es muy común que mientras el gurú hable poco, pero haga un buen recorrido, el embaucador hable mucho y ande poco, la verborrea de este último suele ser legendaria y su capacidad para dar mil y una vueltas a las cosas que expone ilimitada.

Otra de las grandes diferencias se da en el campo de actuación, así mientras el buen asesor de inversiones normalmente es un profesional muy especializado y bueno en su campo determinado, el falso profeta parece tenerlo todo muy claro y dominar todos los campos, y eso es imposible, se puede ser bueno en este o en este otro ámbito, pero nunca se puede ser bueno en todos los ámbitos que se abarcan.

Y, finalmente, la prueba infalible, la prueba del algodón. Ningún embaucador consigue mantener su castillo de naipes de forma ilimitada, por ello fijarnos en la trayectoria y, sobre todo, en la satisfacción de otros clientes que en el tiempo hayan ido trabajando con ese profesional es la forma más acertada de no errar en el tiro llegado el momento de escoger a un buen asesor de inversiones.